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| Los cierres son también
una parte importante
en el desarrollo de
las latas de bebidas.
Después de la
etapa inicial, caracterizada
por la convivencia de
las tapas planas y de
los cierres cónicos
rematados por un tapón
corona, la tapa plana
se convirtió
en el elemento natural
de cierre. En 1963,
la introducción
en Estados Unidos de
una lengüeta con
anilla para abrir la
lata abrió una
nueva era para estos
envases. Hasta entonces
se habían utilizado
distintas soluciones
para abrir las latas,
siendo la más
habitual la de una pieza
triangular que, al ser
presionada, permitía
perforar unos agujeros
preformados en la tapa. |
A
finales de los años
80 se produce otro cambio
de gran importancia
con la colocación
de un nuevo dispositivo
de apertura. La anilla
ya no se separa de la
lata al abrirla, sino
que sirve para hundir
la lengüeta hacia
el interior. Además
de proporcionar mayor
comodidad al usuario,
esta novedad evita que
anilla y lengüeta
se separen del envase,
lo que permite recuperar
la lata vacía
en su integridad. Una
innovación fundamental
desde el punto de vista
medioambiental.
| La tapa plana
tradicional, denominada
“211”,
tenía un
diámetro
de más
de 65 mm, y esta
medida ha ido
reduciéndose
con la utilización
de modelos cada
vez más
pequeños:
“209”
a finales de los
años 70,
“206”
hacia 1985, y
“202”
en 1994, que con
sus 52 mm es la
tapa habitual
en el mercado
europeo hoy en
día. |
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