La mejor forma de controlar un problema medioambiental es reduciendo sus causas. Eso se llama prevención.

Y una de las formas más eficaces de prevención consiste en usar cada vez menos cantidad de material para contener la misma cantidad de producto, sin perjudicar por ello la seguridad y prestaciones del envase.

Eso es lo que hace la lata de bebidas: adelgazar cada vez más su espesor y reducir su peso para, con menos material, ofrecernos el mismo envase.

Los beneficios de este proceso son dobles:

Menos cantidad de materias primas y de energía para un mismo volumen envasado
Menos cantidad de residuos para un mismo tipo de envase

En los últimos diez años, el peso de lata de bebidas de acero se ha reducido en más de un 20%. Y aún hay margen para seguir bajando, gracias a los continuos esfuerzos de investigación y desarrollo de la siderurgia y de los fabricantes de latas de bebida.


Por otra parte, el hecho de utilizar material reciclado para producir nuevo acero tiene una gran ventaja medioambiental: el ahorro de materias primas y la reducción de emisiones contaminantes.



En 1983, para producir un millón de la latas de bebida había que consumir 36 toneladas de acero.

En 1993, para ese mismo millón de latas bastaban 34 toneladas de acero.

En 2003 se fabricaba un millón de latas con 26 toneladas de acero.


¿Sabes qué ahorro supone reciclar un millón de latas de bebida?

18,6 toneladas menos de mineral de hierro
10,2 toneladas menos de carbón
22,3 toneladas menos de emisión de CO2
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